Las que llevan estructura o forro, como trajes, abrigos y americanas, y las de tejidos que no toleran el agua, como el cuero, el ante, la seda o la lana fina. También los edredones y las alfombras grandes, que en una lavadora doméstica no llegan a aclararse bien y quedan con humedad dentro. En todas ellas el problema no suele ser la mancha, sino el encogido, la deformación o el cerco que deja el secado.